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Protege a tu hijo de la obesidad infantil. La verdad detrás de las etiquetas

Fuente imagen: http://www.elperiodicodelafarmacia.com

La obesidad infantil ha pasado a ser uno de los principales problemas de nuestra sociedad, y no es para menos, puesto que las cifras señalan que más del 40% de los niños tienen exceso de peso.

No podemos desligar este dato de la alimentación. Es evidente que nuestros hábitos han cambiado, y esto ha repercutido también en cómo comemos. Si echamos un vistazo al estudio Anibes, podemos ver que la principal fuente de energía que consumen los niños es el pan, seguida de la bollería y las carnes. Los embutidos están empatados con el aceite de oliva y los alimentos precocinados son casi el doble que las frutas o las verduras.

Si compro alimentos saludables, mi alimentación será saludable.

Sin duda, ir a hacer la compra supone un gran reto para muchos. Nos movemos entre pasillos llenos de cajas de diferentes colores, dibujos, reclamos… y muchas veces metemos en el carro algunos productos pensando que son saludables, cuando en realidad no lo son.

Por eso, trataremos de ver algunos consejos para saber en qué debemos fijarnos, cuando analizamos una etiqueta nutricional.

Descifrando el etiquetado en 3 sencillos pasos

PASO 1: ¿Qué ingredientes contiene?

La lista de ingredientes es la parte más importante, ya que nos dirá “de qué está hecho” ese alimento y si los ingredientes utilizados son saludables o no.

Lo más importante que debes recordar, es que en la lista de ingredientes de un producto, estos están ordenados de mayor a menor. Es decir, el primer ingrediente que aparece, es el que está presente en mayor cantidad.

Evita los que lleven ingredientes superfluos como agua, almidones, féculas… ya que los usan como “relleno”, para aumentar el volumen del alimento, pero no aportan nutrientes interesantes. Fíjate también, en qué tipo de grasas contiene.

¿Un ejemplo? Los palitos de cangrejo que tantas veces nos han vendido como saludables, están cargaditos de estos ingredientes.

Ingredientes: Surimi (36%) (pescado blanco, azúcar, estabilizantes (E-420 sorbitoles, E-451 trifosfatos, E-450 difosfatos), clara de huevo), agua, almidón de trigo, almidón de maíz, harina de trigo, sal, bebida fermentada de arroz, extracto y aroma de cangrejo (2.5%), azúcar, aceite de soja, proteína de soja, estabilizante (E-170 carbonato de calcio), potenciador de sabor (E-621 glutamato monosódico) y colorante (E-120 ácido carmínico).

Como norma general, cuantos menos ingredientes tenga un producto mejor. Pero veremos que esto no siempre es así.

Un claro ejemplo de lo que estamos hablando:

Nos lo venden como una infusión a base de plantas, para favorecer el sueño de niños y bebés. Solo tiene cuatro ingredientes, pero el primero es dextrosa (es decir, azúcar), y en total solo contiene un 8% de extractos de plantas.

Ingredientes: Dextrosa, Extractos solubles de Tila (3,5%), Melisa (2,5%) y Manzanilla (2,0%).

PASO 2: Identifica los azúcares

Los azúcares se encuentran camuflados en las etiquetas bajo muchos nombres. Entre los más comunes encontramos:

  • Azúcar. Puede llevar apellidos: azúcar moreno, azúcar de caña integral, azúcar de malta…
  • Sirope o jarabe. También puede ir acompañado: sirope de agave, jarabe de fructosa, etc.
  • Ingredientes que acaban en -osa. Seguro que te suenan nombres como dextrosa, sacarosa, maltosa, fructosa…
  • Otros azúcares bastante comunes son la dextrina y maltodextrina, el almidón, la melaza, la miel o el caramelo.

Aquí tenéis un ejemplo de un producto en el que se disimula la alta presencia de azúcar, utilizando distintos tipos. Hay mucha gente que no identifica como azúcares el almidón de maíz o de patata. Esto altera nuestra primera impresión, al leer la composición:

Ingredientes: Almidón de maíz, azúcar, almidón de patata, aceite de girasol, leche desnatada en polvo, proteína láctea, jarabe de fructosa, minerales (calcio y hierro), gasificantes (bicarbonato sódico y bicarbonato amónico), emulgente (lecitina de soja), aromas, sal y vitaminas (niacina, ácido pantoténico, B1, B6 y B2).

PASO 3: ¿Cuándo es útil la información nutricional?

La tabla nutricional, suele ser la parte del etiquetado en la que más nos fijamos.  Sin embargo, ahora ya sabes que lo primero que debemos revisar, es la lista de ingredientes.

En muchas ocasiones nos limitamos a ver las kcal que contiene un producto, para decidir si lo metemos o no, en el carro de la compra. Es una costumbre que debemos cambiar. Tener menos calorías, no es lo más importante. Esto no garantiza que un alimento sea más saludable que otro. Un plátano es más calórico que una coca-cola zero, ¿verdad? Sin embargo, todos tenemos claro qué es más saludable.

Cuando consultes la información nutricional, fíjate siempre en la composición por 100 g/ml en vez de por ración. En muchas etiquetas, la cantidad que ponen como ración, es muy escasa y poco realista. Esto es fácil de comprobar con las cajas de cereales infantiles. ¿Alguien conoce algún niño que desayune una ración de 30 gramos? Teniendo en cuenta que esto es poco más que un puñado, es difícil encontrar niños que se conformen con esto.

¿En qué debes fijarte cuando leas la información nutricional? Principalmente en dos cosas: el azúcar y la sal. Se recomienda que la cantidad de azúcares sea menor de 5 g por cada 100 (5%). Un producto se considera de alto contenido en sal, si  tiene más de 1,25 g por cada 100 (1,25%).

¿Os acordáis de las galletas del ejemplo anterior? Creo que no os sorprenderá saber que tienen un 22,6% de azúcar.

Productos para niños

Los ejemplos anteriores, no son casos aislados. No hace falta buscar mucho, para encontrar alimentos para niños que aparentan ser saludables y no lo son en absoluto.

Por ejemplo, en este caso nos dicen que estas magdalenas contienen yogur, fruta y verdura pero, al consultar los ingredientes, solo encontramos un 6% de yogur, un 1% de pasta de fresa y un 0,3% de concentrado de remolacha. Eso si, la cantidad de azúcar es del 20%.

Es importante conocer los verdaderos peligros del azúcar además de la obesidad y la caries. ¿Sabías que el exceso de azúcar se relaciona con la hipertensión, cancer, deterioro de las defensas, o el aumento del colesterol y los triglicéridos? Pincha este enlace y no te pierdas este otro artículo: ¿Por qué frenar el ritmo con el azúcar?

Para conocer más ejemplos, os recomiendo la web sinazucar.org

Desayunos y meriendas

Sin duda, es en estas comidas donde los niños consumen más cantidad de alimentos procesados, cargados de azúcares, grasas y harinas refinadas.

Sin ir mas lejos, las galletas “tipo maría”, que tienen fama de ser las más sanas, contienen un 24% de azúcar, grasa de palma y más de un 70% de su composición, es harina refinada. Os recomiendo pinchar el enlace y leer la entrada de Padres Millennials relacionada con este tema: Cosas para recordar cuando metes galletas en el carro de la compra.

Y ojo, porque estos productos no mejoran en sus versiones ecológicas. Aunque parezcan más saludables, las galletas, cereales de desayuno y demás bollería ecológica, siguen siendo galletas o bollería.

¿Hay alternativas? Por suerte, en el mercado encontramos cereales sin azúcar añadido o con muy poca cantidad de azúcar.

Además, puedes animarte a preparar desayunos o meriendas diferentes: unas tostadas con crema de cacahuete casera y plátano, yogur natural con nueces y coco rallado, macedonia de fruta con canela…

Y por si quieres más ideas, puedes utilizar esta infografía creada por las Dietistas-Nutricionistas de Nutricoles con muchas ideas de meriendas saludables:

Más materias primas, menos procesados

Generalmente, cuando empezamos a conocer lo que se esconde detrás de las etiquetas pensamos que llevar una alimentación saludable es difícil, que es necesario invertir mucho tiempo en hacer la compra al tener que revisar las etiquetas, que no vamos a poder comer nada…

Pero recuerda que estos alimentos apenas llevan unos años con nosotros, por lo que no son necesarios, y mucho menos imprescindibles. Si basas tu alimentación en materias primas como frutas, verduras, frutos secos, legumbres, pescados, carnes o huevos no necesitarás leer etiquetas y te aseguras de que los alimentos que vas a incluir en tu alimentación son saludables.

No olvides que, si compras alimentos saludables, tu alimentación será saludable.


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